CAPITULO 37.
Me dí la vuelta cerrando la puerta de su enorme casa y me dirigí al coche.
En el coche encerrado sin arrancarlo no podía borrarme esa imagen de la cabeza. Mi supuesta novia con mi mejor amigo, era imposible de creer.
Sentí un nudo en la garganta de ganas de llorar y no poder. Impotencia e ira, es lo que también sentía.
Arranqué el coche y conduje a algún lugar, en realidad no estaba pendiente de a dónde conducía.
Llegué al bosque, aparqué el coche en un terreno y caminé al interior de él.
Era de noche y tenía sueño. Me estaba durmiendo cada vez más, y lo menos que me apetecía era volver a coger el coche y regresar a mi casa. Por lo que caminé hasta buscar un buen árbol, lo suficientemente grande y alto como para dormir en la falda de este.
Acomodandome para pasar la noche, vi una sombra bastante conocida. Me acerqué y era Noelia.
Luis: ¡Noelia! ¿Qué haces aquí sola?-Pregunté sorprendido y sentándome a su lado.
Noelia: Samuel...
Luis: Lo siento.-Dije y la abracé.
Ella se apoyó en mi hombro y yo mi cabeza en la suya. A los minutos, nos dormimos.
**Narra Noelia**
Al día siguiente desperté en la parte trasera del coche de Luis. Me levanté, quedando sentada en el sofá y miré hacia la parte de delante, pero ahí no estaba Luis. Volteé la cabeza y busqué en el maletero, pero ahí tampoco. ¿Dónde estaba Luis?
Salí del coche y lo busqué por los alrededores. Detrás de un árbol, lo vi.
Noelia: ¡Luis!
Luis: ¡Noelia! Perdona por dejarte sola, fui a buscar algo de comer.-Contestó.-Mira, anoche fui a buscar el coche e intentar salir del bosque pero...
Noelia: ¿Pero qué?
Luis: Estamos perdidos. No sé dónde esta la salida del bosque.
Noelia: No me digas eso...-Repliqué asustada.
**Narra Samuel**
Después del beso y que Luis se fuera enfadado, Bárbara y yo no nos dirigimos la palabra. No sé si se había enfadado, o si sentía tristeza por Luis, en realidad no lo sé.
Nos fuimos a dormir. Compartimos la misma habitación, el mismo colchón, las mismas sábanas y las mismas almohadas. En un momento dado, yo, intentando dormir, siento que Bárbara está temblando. ¿Por qué? ¿Tendrá frío? Me levanté y cerré las ventanas. Pero seguía temblando. Me volví a levantar y traje mas sábanas. La arropé bien, con cuidado de no despertarla, y paró de temblar. Menos mal, ya pude dormir tranquilo.
Al día siguiente, desperté y a mi lado ya no estaba ella. Me asusté y bajé corriendo al salón. Le pregunté a Laura y las demás sirvientas dónde estaba Bárbara.
Laura: Un hombre la vino a buscar.
Samuel: ¿Qué hombre?-Pregunté asustado.
Laura: No lo sé. Yo solo la avise de que alguien la estaba buscando, ella bajo al portal y todos nosotros fuimos a la parte trasera de la casa para preparar la fiesta de cumpleaños de tu hermana.
Samuel: ¿Y cuándo fue eso?
Laura: Hace unos 15 minutos.
Salí corriendo hacia el portal y ella ya no estaba ahí hablando con nadie. En realidad, no había nadie. Regresé a mi habitación enfadado. Sí, enfadado con la persona que se ha llevado a Bárbara.
Me tiré en la cama bocarriba y llamé a Luis. Pero no me cogía el teléfono e igualmente Noelia. Entonces, llamé a su amiga Jenifer, pero no me cogía el teléfono. Sonaba y sonaba, pero no lo cogía, y con Aday, igual. Seguramente estos dos estaban ocupados haciendo sus cosas.
No me iba a quedar sentado de brazos cruzados esperando a que pasara algo. Me levanté de la cama y salí de mi casa en busca de Bárbara.
Pensé que aquel hombre que se la llevó fue Saúl, y esto me motivo a ir a su casa y hablar con él cara a cara.
Toqué la puerta y me abrió Anahí.
Anahí: ¡Oh, Samuel!-Exclamó impresionada al verme.
Samuel: ¿Está Saúl?
Anahí: No, se acaba de ir a comprar.
Samuel: ¿Te importa si lo espero aquí?
Anahí: Claro que no.-Contestó dejándome paso para entrar.-Pero, ¿no tienes miedo de lo que yo pueda hacerte?-Preguntó tirándome al sofá y poniéndose encima de mí.
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