Caminamos, bueno, más bien corrimos hacia su coche. Luego, condujo hasta llegar a mi casa.
Alba: Aquí no me voy a quedar.
Kevin: Tienes que ir a tu casa.
Alba: Llevame a tu casa.-dije haciendo pucheros.
Kevin: No, debes bajarte aquí.
Alba: Por favor.-Insistí.
Kevin: Venga, vale.-dijo.-Pero solo esta noche.
Me pusé contenta y fuimos a su casa.
Entramos y todavía estaban en el salón aquellas bolsas de ropa.
Kevin: ¿Comemos algo? Son las 3 de la tarde.
Alba: ¡Pidamos una pizza!
Él aceptó y llamamos a la pizzería mas cercana.
Alba: ¿Y qué vamos a hacer esta tarde?-pregunté mientras me sentaba en el sofá.
Kevin: Quedarnos en casa.-contestó.-Si salimos y tu madre te ve, se va a enfadar contigo.
Alba: ¿Tienes miedo de eso?-pregunté entre risas.
Kevin: Un poco sí.
Alba: Olvidate de mi madre y salgamos.-insistí.
Kevin: Como quieras.-dijo mientras rodeaba sus ojos.
A los minutos, nos trajeron la pizza y comimos.
Kevin: Me debes el dinero que me gasté en esto.
Alba: No tengo dinero para pagarte.
Kevin: Puedes pagarme de otra manera.-dijo con una sonrisa muy pícara.
Alba: ¿A que manera te refieres?-pregunté también con una sonrisa muy pícara.
Kevin: Tu sabrás.-dijo acercándose a mí. Alba: ¿De esta manera?-pregunté mientras le besaba el cuello.
Le quité la camisa y toqué su perfecto torso.
Kevin: Sí, de esta forma.-respondió riéndose mientras me quitaba la camisa. Yo seguía besándole el cuello mientras el me cogía en peso y me llevaba a la habitación. Me soltó encima de la cama, quedándose él encima mio. Los dos estabamos terminamos en ropa interior.
Alba: Ya está, ya te pagué suficiente. Dos pizzas no valen tanto.-dije riendo.
Kevin: No me dejes así.-dijo haciendo pucheros.
Alba: 2 pizzas no valen tanto.-repetí dandole un corto beso mientras me daba la vuelta y quedaba encima de el.
Me desabrochó el sujetador y lo lanzó a un lado. No podía resistirme, así que le seguí el juego. Él me quitó toda mi ropa interior y, luego, se quitó sus boxers. Sentí como su entre pierna rozaba mis senos. Yo le besaba para desahogar mis pequeños gemidos. Notaba como entraba en mí muy delicadamente, cada vez daba envestidas mas fuertes y al rato terminamos con un gran orgasmo. Él cayo en la cama al lado mío y yo apoyé mi cabeza en su torso.
Alba: No debería haber hecho esto.-dije mientas me levantaba y buscaba mi ropa.
Kevin: ¿Por qué? ¿No te ha gustado?-preguntó mirándome.
Alba: No es que no me haya gustado. Me gustó y mucho, pero yo te tenía como un amigo y ahora no podré confiar en ti.-decía mientras me dirigía a bajar las escaleras.
Kevin: ¡Espera!-exclamó cogiéndome del brazo.
Me giré y mis ojos se fueron a su entre pierna. No se había puesto tan siquiera sus boxers.
Alba: ¿Que..que..que quieres?-pregunté nerviosa.
Kevin: ¿Te pone nerviosa verme desnudo?-preguntó con una sonrisa muy pícara.
Alba: Kevin, ¿qué querías decirme?, dilo ya antes de que me canse y me vaya.
Kevin: ¿Quieres salir conmigo?-preguntó nervioso.
No sabía que responder. Él sabe perfectamente que yo nunca me he enamorado, ni quiero salir con nadie. Ese rollo no me va.
Hemos dejado de escribir las novelas. Ni la primera ni la segunda seran continuadas por problemas personales y porque no han resultado tener tanto éxito como esperabamos nosotras. Si quereis saber más o contactar con nosotras, agreguen al tuenti: Beautiful Garden. Saludos y que pasen un buen día.
miércoles, 29 de mayo de 2013
CAPÍTULO 12.
-Narra Alba.
Kevin ya estaba convencido para que viniera a la fiesta, ahora faltaba Alicia, mi mejor amiga.
Alba: Acompañame a casa de Alicia.
Kevin: Vale, vamos.
Fuimos hacia su coche y me condujo hasta la casa de mi amiga.
Nos bajamos y le toqué la puerta.
Xxx: ¡Ya voy!-gritó una voz de detrás de la puerta.
Esperamos unos minutos y nos abrió Alicia.
Alicia: ¡Alba!
Alba: ¡Alicia!
Kevin: ¡Kevin!
Todos nos reímos.
Alicia: Bueno, ¿qué pasó? Pensé que te había castigado.
Alba: ¿Cómo lo sabes? Bueno, da igual. Lo que te quería decir es que mañana va a haber una fiesta en casa de Dafne.
Alicia: ¿Dafne? ¿Quién es esa?
Alba: La chica del centro comercial.
Alicia: ¡Ah, vale! ¿A qué hora?
Alba: A las 5, llámame y te digo la dirección.
Alicia: Vale, vale.
Alba: ¡Y trae a tus hermanos!
Alicia: ¿A Samuel y Sergio?
Alba: ¡Sí!
Kevin: Alba.-me tocó el hombro.-¡Vámonos!-me agarró del brazo.
Alba: ¿Qué pasa?
Alicia: ¡Tu madre viene por la otra calle!-añadió.-¡Entren a casa!
Alicia nos empujó a los dos hacia dentro de su casa, después nos metió en su habitación. En ese momento tocaron la puerta y Alicia bajó corriendo.
Alba: ¿Que crees q estará pasando allá abajo?
Kevin: Pues que tu madre te esta buscando, Alicia se va a poner nerviosa y tu madre va a entrar en la casa buscandote.
Alba: ¿En serio?-pregunté sorprendida.
Kevin: Sí, pero no te preocupes, vamos a encondernos bajo la cama.
Nos metimos debajo de la cama de Alicia. Era una cama individual y estábamos muy juntos intentando que no se nos viera.
Alba: Estoy muy incomoda aquí abajo.
Kevin: no más que yo.-dijo mientras se daba la vuelta quedando frente con frente.
Nos íbamos acercando cada vez más hasta llegar al punto en el que yo podía sentir su respiración, pero nos interrupió mi madre abriendo la puerta. Ella dio una pequeña vuelta por la habitación y se fue al ver no encontrarnos.
Alba: Menos mal.-dije en un suspiro.
Kevin: Tenemos algo pendiente, ¿no?-preguntó acercándose a mí.
Alba: Sí, pero dejame salir ya de aquí me estoy muriendo de calor.
Kevin salió de debajo de la cama y seguidamente yo. Los dos nos sentamos en la cama y él seguía acercándose más a mí.
No puedo mentir, me atraía, pero solo porque es guapo porque eso de enamorarme y salir con alguien, no me va.
Lo besé. Me recoste un poco sobre la cama y él, sobre mí.
Alicia: ¡Alba y Kevin sentado en un banco primero el beso y despues el embarazo!-intervino cantando.
Yo me asusté y sin querer le mordí un poco el labio a Kevin.
Alba: ¿Estás bien? Es que alicia me asustó.-excusé mirando el labio a ver que tal estaba.
Kevin: No pasa nada, pero dolió un poco, tengo que admitirlo.-dijo a la vez que todo reíamos.-Bueno ya es hora de irnos.
Kevin y Alba: ¡Adiós Alicia!
Me cogió de la mano y fuimos al coche.
Kevin ya estaba convencido para que viniera a la fiesta, ahora faltaba Alicia, mi mejor amiga.
Alba: Acompañame a casa de Alicia.
Kevin: Vale, vamos.
Fuimos hacia su coche y me condujo hasta la casa de mi amiga.
Nos bajamos y le toqué la puerta.
Xxx: ¡Ya voy!-gritó una voz de detrás de la puerta.
Esperamos unos minutos y nos abrió Alicia.
Alicia: ¡Alba!
Alba: ¡Alicia!
Kevin: ¡Kevin!
Todos nos reímos.
Alicia: Bueno, ¿qué pasó? Pensé que te había castigado.
Alba: ¿Cómo lo sabes? Bueno, da igual. Lo que te quería decir es que mañana va a haber una fiesta en casa de Dafne.
Alicia: ¿Dafne? ¿Quién es esa?
Alba: La chica del centro comercial.
Alicia: ¡Ah, vale! ¿A qué hora?
Alba: A las 5, llámame y te digo la dirección.
Alicia: Vale, vale.
Alba: ¡Y trae a tus hermanos!
Alicia: ¿A Samuel y Sergio?
Alba: ¡Sí!
Kevin: Alba.-me tocó el hombro.-¡Vámonos!-me agarró del brazo.
Alba: ¿Qué pasa?
Alicia: ¡Tu madre viene por la otra calle!-añadió.-¡Entren a casa!
Alicia nos empujó a los dos hacia dentro de su casa, después nos metió en su habitación. En ese momento tocaron la puerta y Alicia bajó corriendo.
Alba: ¿Que crees q estará pasando allá abajo?
Kevin: Pues que tu madre te esta buscando, Alicia se va a poner nerviosa y tu madre va a entrar en la casa buscandote.
Alba: ¿En serio?-pregunté sorprendida.
Kevin: Sí, pero no te preocupes, vamos a encondernos bajo la cama.
Nos metimos debajo de la cama de Alicia. Era una cama individual y estábamos muy juntos intentando que no se nos viera.
Alba: Estoy muy incomoda aquí abajo.
Kevin: no más que yo.-dijo mientras se daba la vuelta quedando frente con frente.
Nos íbamos acercando cada vez más hasta llegar al punto en el que yo podía sentir su respiración, pero nos interrupió mi madre abriendo la puerta. Ella dio una pequeña vuelta por la habitación y se fue al ver no encontrarnos.
Alba: Menos mal.-dije en un suspiro.
Kevin: Tenemos algo pendiente, ¿no?-preguntó acercándose a mí.
Alba: Sí, pero dejame salir ya de aquí me estoy muriendo de calor.
Kevin salió de debajo de la cama y seguidamente yo. Los dos nos sentamos en la cama y él seguía acercándose más a mí.
No puedo mentir, me atraía, pero solo porque es guapo porque eso de enamorarme y salir con alguien, no me va.
Lo besé. Me recoste un poco sobre la cama y él, sobre mí.
Alicia: ¡Alba y Kevin sentado en un banco primero el beso y despues el embarazo!-intervino cantando.
Yo me asusté y sin querer le mordí un poco el labio a Kevin.
Alba: ¿Estás bien? Es que alicia me asustó.-excusé mirando el labio a ver que tal estaba.
Kevin: No pasa nada, pero dolió un poco, tengo que admitirlo.-dijo a la vez que todo reíamos.-Bueno ya es hora de irnos.
Kevin y Alba: ¡Adiós Alicia!
Me cogió de la mano y fuimos al coche.
CAPÍTULO 11.
Dafne: No es una sorpresa agradable, eso tenlo claro.-contestó.-Me dijo que no podía acostarme con mis amigos, pues voy a preparar una fiesta con todos mis amigos y, por supuesto, contigo.-añadió.-Nos lo vamos a pasar genial.
Alba: ¿Y amigas?
Dafne: Tú, yo y algunas amigas.
Alba: Eso suena bien, bastante bien.-contesté.-¿Y cómo la vas a hacer?
Dafne: Fácil.-respondió.-Uno de mis amigos es un manitas y podrá abrir la puerta de mi casa. Además, podrá subir y abrir la puerta de mi habitación.
Alba: ¿Tú no sabes abrir tu propia puerta?
Dafne: No, nunca supe.
Alba: Tengo que enseñarte.-dije.-¿Y a qué hora?
Dafne: A las 5, ponte guapa.
Alba: Eso siempre.-dije entre risas.-Bueno, tengo que colgar. Adiós y hasta mañana a las 5.
*Final llamada telefónica.*
-Narra Alba.
Despues de la llamada de Dafne abrieron la puerta de mi habitación. Como no, era mi odiosa madre.
Madre de Alba: Alba, vete a hacer este recado.-dijo dandome un papel con varias cosas que hacer.
Alba: ¿No dijiste que no iba a salir de casa hasta que empezaran las clases?-pregunté cruzándome de brazos.
Madre de Alba: Para irte a dar una vuelta. No para hacer recados, venga levantate y vete a hacer lo que te he dicho.
Alba: Yo no...-dije.-Bueno vale ya voy.-recitifiqué.
Me levante y eché a mi madre de mi habitación. Me prepare y salí a hacer el "recado", mas bien fui a la casa de Kevin.
Toque la puerta y me abrió el.
Kevin: Alba, ¿qué haces aquí? ¿No te habian castigado?
Alba: Sí, pero mi madre me mando a hacer recados y pase por aquí.-respondí riéndome.
Kevin: Pensaba que eras mas tonta.-dijo riéndose de mi.
Alba: No seas idiota y dime que paso en casa de Dafne despues de yo irme.-conteste con una mirada fulminante. Kevin: Pues el padre de Dafne la castigó y me echó de su casa.
Alba: ¿en serio?-pregunte sorprendida. Kevin: Sí, estaba de muy mal humor.
Alba: Pues de peor humor se va a poner mañana.-añadí entre risas.
Kevin: ¿Por qué? ¿Qué vas a hacer?
Alba: Dafne y yo vamos a hacer una fiesta en su casa.-contesté.-deberías venirte.-añadí.
Kevin: No, yo no voy que entonces si que me coge mania el viejo ese.-contesto riéndose.
Alba: Anda, ven.-insistí.-Hazlo por mí.
Kevin: No, no.-dijo haciendose el superior.
Alba: Hazlo por Dafne.
A Kevin se le iluminó la cara y aceptó venir.
-Narra Dafne.
Colgué la llamada con Alba y me pusé a llamar a todos los chicos de mi lista de contactos. Entre ellos estaba Aithor, el hermano de Tamara.
*LLamada telefónica.*
Aithor: ¿Hola?
Dafne: ¡Aithor, guapo!
Aithor: ¿Qué tal?
Dafne: Muy bien, pero no te he llamado para que me preguntes que tal estoy.-contesté.-Mañana a las 5 ven a mi casa.
Aithor: ¿Para qué?
Dafne: Eso que más da, sé que te mueres por venir a mi casa.
Aithor: Tienes razón, bueno allí estaré.
*Final llamada telefónica.*
Me encantaba ese chico. Pero para manipularlo. Sé que está enamorado de mí porque su hermana me lo ha dicho, el problema, es que yo de él no. No me gusta nadie, eso de enamorarse como que no me va.
Continué la tarde llamando a todos los chicos y a algunas chicas.
Alba: ¿Y amigas?
Dafne: Tú, yo y algunas amigas.
Alba: Eso suena bien, bastante bien.-contesté.-¿Y cómo la vas a hacer?
Dafne: Fácil.-respondió.-Uno de mis amigos es un manitas y podrá abrir la puerta de mi casa. Además, podrá subir y abrir la puerta de mi habitación.
Alba: ¿Tú no sabes abrir tu propia puerta?
Dafne: No, nunca supe.
Alba: Tengo que enseñarte.-dije.-¿Y a qué hora?
Dafne: A las 5, ponte guapa.
Alba: Eso siempre.-dije entre risas.-Bueno, tengo que colgar. Adiós y hasta mañana a las 5.
*Final llamada telefónica.*
-Narra Alba.
Despues de la llamada de Dafne abrieron la puerta de mi habitación. Como no, era mi odiosa madre.
Madre de Alba: Alba, vete a hacer este recado.-dijo dandome un papel con varias cosas que hacer.
Alba: ¿No dijiste que no iba a salir de casa hasta que empezaran las clases?-pregunté cruzándome de brazos.
Madre de Alba: Para irte a dar una vuelta. No para hacer recados, venga levantate y vete a hacer lo que te he dicho.
Alba: Yo no...-dije.-Bueno vale ya voy.-recitifiqué.
Me levante y eché a mi madre de mi habitación. Me prepare y salí a hacer el "recado", mas bien fui a la casa de Kevin.
Toque la puerta y me abrió el.
Kevin: Alba, ¿qué haces aquí? ¿No te habian castigado?
Alba: Sí, pero mi madre me mando a hacer recados y pase por aquí.-respondí riéndome.
Kevin: Pensaba que eras mas tonta.-dijo riéndose de mi.
Alba: No seas idiota y dime que paso en casa de Dafne despues de yo irme.-conteste con una mirada fulminante. Kevin: Pues el padre de Dafne la castigó y me echó de su casa.
Alba: ¿en serio?-pregunte sorprendida. Kevin: Sí, estaba de muy mal humor.
Alba: Pues de peor humor se va a poner mañana.-añadí entre risas.
Kevin: ¿Por qué? ¿Qué vas a hacer?
Alba: Dafne y yo vamos a hacer una fiesta en su casa.-contesté.-deberías venirte.-añadí.
Kevin: No, yo no voy que entonces si que me coge mania el viejo ese.-contesto riéndose.
Alba: Anda, ven.-insistí.-Hazlo por mí.
Kevin: No, no.-dijo haciendose el superior.
Alba: Hazlo por Dafne.
A Kevin se le iluminó la cara y aceptó venir.
-Narra Dafne.
Colgué la llamada con Alba y me pusé a llamar a todos los chicos de mi lista de contactos. Entre ellos estaba Aithor, el hermano de Tamara.
*LLamada telefónica.*
Aithor: ¿Hola?
Dafne: ¡Aithor, guapo!
Aithor: ¿Qué tal?
Dafne: Muy bien, pero no te he llamado para que me preguntes que tal estoy.-contesté.-Mañana a las 5 ven a mi casa.
Aithor: ¿Para qué?
Dafne: Eso que más da, sé que te mueres por venir a mi casa.
Aithor: Tienes razón, bueno allí estaré.
*Final llamada telefónica.*
Me encantaba ese chico. Pero para manipularlo. Sé que está enamorado de mí porque su hermana me lo ha dicho, el problema, es que yo de él no. No me gusta nadie, eso de enamorarse como que no me va.
Continué la tarde llamando a todos los chicos y a algunas chicas.
lunes, 27 de mayo de 2013
CAPÍTULO 10.
Dafne: Papá puedo explicarte...-murmuró.
Padre de Dafne: Aquí no hay nada que explicar, ¡bajen los tres ahora mismo al salón!-añadió enfadado.-¡YA!
Dafne: Pero pa..-intentó decir.
Padre de Danfe: ¡YA!-repitió.
Los tres obedecimos y bajamos al salón. Allí se encontraban mi madre y 2 seguritas.
Alba: ¡Mamá! ¿Qué haces aquí?-pregunté sorprendida.
Madre de Alba: Te vienes conmigo sí o sí.-respondió cogiendome del brazo.
Yo me solté.
Madre de Alba: No empecemos.
Alba: No me toques, no eres nadie para tocarme.
Siento que alguien me coge por la cintura. Me doy la vuelta, y era uno de los seguritas. Este me coge y me pone en su hombro. Luego, me lleva hasta el coche de mi madre y, como era de esperar, yo estaba pegando gritos exigiendo que me soltara.
Entramos en el coche, y allí me tranquilicé un poco.
-Narra Dafne.
Padre de Dafne: ¿Me vas a decir quién es este chico?
Dafne: Un amigo de Alba.
Padre de Dafne: Pues yo no me acuesto con amigos.-dijo sarcástico.
Dafne: Pues a mí me da igual lo que tú hagas o dejes de hacer.
Padre de Dafne: Respetame.
Dafne: Hazte respetar.
Padre de Dafne: Estas castigada hasta que empiecen las clases.
Dafne: Sí, claro.-burlé.-Como si yo fuera a cumplir el castigo.
Kevin: Bueno señores,-intervino.-yo me voy.
Padre de Dafne: ¿Usted dónde vive?
Kevin: En mi casa.
Mi padre le miró con una mirada de cansancio.
Kevin: Vivo unas manzanas más allá. Puedo ir en mi coche.
Padre de Dafne: Pues vayase. Y no lo quiero ver más con mi hija, y dudo mucho que la madre de Alba quiera que su hija este contigo.
Kevin ni si quiera le prestó atención, se dio media vuelta y salió por la puerta de entrada.
Padre de Dafne: Sube a tu cuarto, allí te quedarás.
Yo subí a mi habitación, sabía perfectamente que al día siguiente o ese mismo día, me iba a escapar.
Antes de entrar, a mi padre, que estaba siguiendo, le ordené que me buscara una criada para que me ordenara mi habitación, pero se negó. Me dijo que tenía que valerme por mí misma y hacer yo mis cosas. Pensé: "¿Pero este que se ha creído?, pero que le voy a hacer...bueno, ya veré mañana. Le tendré preparado una sorpresa no muy agradable."
Entré a la habitación y empecé a recogerla y ordenarla. En unos minutos terminé.
-Narra Alba.
En el coche de camino a mi casa, mi madre no paraba de hablar sobre mi comportamiento. Que si soy irresponsable, que si soy una guarra que se acuesta con todos, que si soy esto, que si aquello; me tenía cansada. Menos mal que en varios minutos, llegamos a casa. Allí me bajé del coche y subí a mi habitación.
Madre de Alba: Ahí te vas a quedar castigada hasta que empiecen las clases.
Alba: O sea, una semana.
Madre de Alba: Sí, y después ya veremos.
Le di un portazo a la puerta de mi habitación, y después, me tiré en la cama a dormir. Pero no podía, no conseguía conciliar el sueño. Así que llamé a mi querida amiga Dafne.
*Llamada telefónica.*
Dafne: Hola Alba, ¿te han castigado?
Alba: Sí, en mi habitación encerrada hasta que empiecen las clases. ¿Y a ti?
Dafne: Igual.-contestó.-Seguramente se pusieron de acuerdo.-añadió entre risas.
Alba: Parece ser que sí.-repliqué.-¿Y qué piensas hacer mañana?
Dafne: Le tengo una sorpresa a mi padre.
Alba: ¿Cuál? ¿Qué sorpresa?
Padre de Dafne: Aquí no hay nada que explicar, ¡bajen los tres ahora mismo al salón!-añadió enfadado.-¡YA!
Dafne: Pero pa..-intentó decir.
Padre de Danfe: ¡YA!-repitió.
Los tres obedecimos y bajamos al salón. Allí se encontraban mi madre y 2 seguritas.
Alba: ¡Mamá! ¿Qué haces aquí?-pregunté sorprendida.
Madre de Alba: Te vienes conmigo sí o sí.-respondió cogiendome del brazo.
Yo me solté.
Madre de Alba: No empecemos.
Alba: No me toques, no eres nadie para tocarme.
Siento que alguien me coge por la cintura. Me doy la vuelta, y era uno de los seguritas. Este me coge y me pone en su hombro. Luego, me lleva hasta el coche de mi madre y, como era de esperar, yo estaba pegando gritos exigiendo que me soltara.
Entramos en el coche, y allí me tranquilicé un poco.
-Narra Dafne.
Padre de Dafne: ¿Me vas a decir quién es este chico?
Dafne: Un amigo de Alba.
Padre de Dafne: Pues yo no me acuesto con amigos.-dijo sarcástico.
Dafne: Pues a mí me da igual lo que tú hagas o dejes de hacer.
Padre de Dafne: Respetame.
Dafne: Hazte respetar.
Padre de Dafne: Estas castigada hasta que empiecen las clases.
Dafne: Sí, claro.-burlé.-Como si yo fuera a cumplir el castigo.
Kevin: Bueno señores,-intervino.-yo me voy.
Padre de Dafne: ¿Usted dónde vive?
Kevin: En mi casa.
Mi padre le miró con una mirada de cansancio.
Kevin: Vivo unas manzanas más allá. Puedo ir en mi coche.
Padre de Dafne: Pues vayase. Y no lo quiero ver más con mi hija, y dudo mucho que la madre de Alba quiera que su hija este contigo.
Kevin ni si quiera le prestó atención, se dio media vuelta y salió por la puerta de entrada.
Padre de Dafne: Sube a tu cuarto, allí te quedarás.
Yo subí a mi habitación, sabía perfectamente que al día siguiente o ese mismo día, me iba a escapar.
Antes de entrar, a mi padre, que estaba siguiendo, le ordené que me buscara una criada para que me ordenara mi habitación, pero se negó. Me dijo que tenía que valerme por mí misma y hacer yo mis cosas. Pensé: "¿Pero este que se ha creído?, pero que le voy a hacer...bueno, ya veré mañana. Le tendré preparado una sorpresa no muy agradable."
Entré a la habitación y empecé a recogerla y ordenarla. En unos minutos terminé.
-Narra Alba.
En el coche de camino a mi casa, mi madre no paraba de hablar sobre mi comportamiento. Que si soy irresponsable, que si soy una guarra que se acuesta con todos, que si soy esto, que si aquello; me tenía cansada. Menos mal que en varios minutos, llegamos a casa. Allí me bajé del coche y subí a mi habitación.
Madre de Alba: Ahí te vas a quedar castigada hasta que empiecen las clases.
Alba: O sea, una semana.
Madre de Alba: Sí, y después ya veremos.
Le di un portazo a la puerta de mi habitación, y después, me tiré en la cama a dormir. Pero no podía, no conseguía conciliar el sueño. Así que llamé a mi querida amiga Dafne.
*Llamada telefónica.*
Dafne: Hola Alba, ¿te han castigado?
Alba: Sí, en mi habitación encerrada hasta que empiecen las clases. ¿Y a ti?
Dafne: Igual.-contestó.-Seguramente se pusieron de acuerdo.-añadió entre risas.
Alba: Parece ser que sí.-repliqué.-¿Y qué piensas hacer mañana?
Dafne: Le tengo una sorpresa a mi padre.
Alba: ¿Cuál? ¿Qué sorpresa?
CAPÍTULO 9.
Era mi padre acompañado por dos guardias de la casa y una mujer. Rápidamente me escondí debajo de la cama; Alba, detrás de las cortinas de la ventana; y Kevin, se escondió detrás de un armario.
Padre de Dafne: Bueno señora Lopez, aquí es donde dormía mi hija, ojala regresé pronto; no sabe el problema que le va a caer encima.
Señora Lopez(Madre de Alba): Lo mismo le digo a mi hija, cuando regresé no sé ni que castigo le pondré, pero uno muy grave va a ser.
Estos salieron de la habitación, cerrándola con llave, pero antes, cerraron todas las ventanas.
-Narra Alba.
La mujer que había entrado era mi madre, ¿qué estaba haciendo aquí? ¿De qué conocía al padre de Dafne?
Iba a salir de detrás de las cortinas cuando escuché que volvían a abrir la puerta. Volví a esconderme. Era el padre de Dafne que estaba rebuscando por todos los armarios algo que no pude ver. Parecía que estaba muy enfadado y preocupado. Cansado de buscar y saliendo de la habitación, se encuentra en el suelo una cartera. La coge y se va.
Al ver que definitivamente se iba, salí de detrás de las cortinas, Dafne de debajo de la cama y Kevin de detrás del armario.
Alba: ¿Qué es lo que se llevaba tu padre?-pregunté mirando a Dafne.-Yo es que no pude ver bien por las cortinas.
Kevin: Se llevaba una cartera negra.
Dafne: Era una cartera negra, mi cartera negra, la que yo venía a buscar. Ahí yo tenía mis ahorros y la tarjeta de crédito, la que ellos no sabían de su existencia. Ahora no tengo nada de dinero.-contestó decepcionada.-Aunque, da igual. Lo importante ahora es salir de aquí.
Dafne estaba histérica. No habían pasado ni 5 minutos y ya estaba de esa manera. No paraba de dar golpes a la puerta, e intentar abrir las ventanas; pero era imposible, todo estaba bien cerrado.
Yo cogí una silla que estaba en la habitación y la tiré en contra de la ventana, para que esta se rompiera.
Dafne: No la podrás romper.
Alba: Por lo menos intento salir de aquí.
Dafne: Yo también lo estoy intentando, ¿sabes?
Alba: Pues no veo que consigas nada.
Dafne: Lo mismo te digo.
Kevin: Dejen de discutir.
Alba y Dafne: ¡No me da la gana!
Dafne y yo empezamos a pelearnos. Nos tirábamos de los pelos y nos dábamos cachetones. Kevin inmediatamente intervino a separarnos.
Kevin: Callense o nos van a oír.
Xxx: Demasiado tarde.-intervino una voz que no reconocía.
Padre de Dafne: Bueno señora Lopez, aquí es donde dormía mi hija, ojala regresé pronto; no sabe el problema que le va a caer encima.
Señora Lopez(Madre de Alba): Lo mismo le digo a mi hija, cuando regresé no sé ni que castigo le pondré, pero uno muy grave va a ser.
Estos salieron de la habitación, cerrándola con llave, pero antes, cerraron todas las ventanas.
-Narra Alba.
La mujer que había entrado era mi madre, ¿qué estaba haciendo aquí? ¿De qué conocía al padre de Dafne?
Iba a salir de detrás de las cortinas cuando escuché que volvían a abrir la puerta. Volví a esconderme. Era el padre de Dafne que estaba rebuscando por todos los armarios algo que no pude ver. Parecía que estaba muy enfadado y preocupado. Cansado de buscar y saliendo de la habitación, se encuentra en el suelo una cartera. La coge y se va.
Al ver que definitivamente se iba, salí de detrás de las cortinas, Dafne de debajo de la cama y Kevin de detrás del armario.
Alba: ¿Qué es lo que se llevaba tu padre?-pregunté mirando a Dafne.-Yo es que no pude ver bien por las cortinas.
Kevin: Se llevaba una cartera negra.
Dafne: Era una cartera negra, mi cartera negra, la que yo venía a buscar. Ahí yo tenía mis ahorros y la tarjeta de crédito, la que ellos no sabían de su existencia. Ahora no tengo nada de dinero.-contestó decepcionada.-Aunque, da igual. Lo importante ahora es salir de aquí.
Dafne estaba histérica. No habían pasado ni 5 minutos y ya estaba de esa manera. No paraba de dar golpes a la puerta, e intentar abrir las ventanas; pero era imposible, todo estaba bien cerrado.
Yo cogí una silla que estaba en la habitación y la tiré en contra de la ventana, para que esta se rompiera.
Dafne: No la podrás romper.
Alba: Por lo menos intento salir de aquí.
Dafne: Yo también lo estoy intentando, ¿sabes?
Alba: Pues no veo que consigas nada.
Dafne: Lo mismo te digo.
Kevin: Dejen de discutir.
Alba y Dafne: ¡No me da la gana!
Dafne y yo empezamos a pelearnos. Nos tirábamos de los pelos y nos dábamos cachetones. Kevin inmediatamente intervino a separarnos.
Kevin: Callense o nos van a oír.
Xxx: Demasiado tarde.-intervino una voz que no reconocía.
viernes, 24 de mayo de 2013
CAPÍTULO 8.
Al día siguiente me desperté antes que esos dos. Baje al salón y busqué, entre las bolsas, mi nuevo conjunto. Lo tomé y entré al baño a ducharme y a cambiarme.
Cuanto estuve lista y salí del baño, me encontré a Alba bajando las escaleras.
Alba: ¿Qué haces?
Dafne: Salir del baño.
Alba: No ya, ¿pero a dónde vas?
Dafne: A casa de mis padres a buscar aquello.
Alba: Pues espera que te acompaño.-replicó.-Voy a ducharme, me cambio de ropa y vamos.
Dafne: Vale, pero date prisa.
Ella caminó hacia las bolsas y sacó ropa, entró al baño y en 15 minutos estuvo lista. Mientras esperaba, me senté en el sofá a chatear con mi amiga Tamara de lo que me tenía que contar de Samuel, pero no le prestaba mucha atención.
Salimos de la casa, ya listas, cuando un brazo me detuvo.
Dafne: ¿Qué haces? ¡Dejame salir!-exclamé enfureciendome
Kevin: No vais a ir solas a ningún lado.-contestó poniéndose delante mio.
Bajé la mirada y solo tenía una toalla enrollada en la cintura y el torso aún húmedo. Tenía unos abdominales perfectamente definidos lo que hizo que estuviera unos minutos mirandole.
Dafne: No debes ir así por la casa. No estás solo, recuerdalo.
Kevin: Es mi casa y voy por ella como quiero.-contestó con aire de superioridad.-Siento que te atraiga tanto mi cuerpo, pero es solo de Alba.-añadió abrazándola para darme celos, cosa que no consiguió; él a mí no me atrae ni un poco.
Alba: ¡Quita!-exclamó bromeando empujando a Kevin mientras ellos dos se reían.
Yo no le encontraba gracia ninguna.
Dafne: Bueno vámonos.-intervine.-Y que sepas que no me atrae tu cuerpo-añadí giñándole el ojo y abriendo la puerta para salir.
Kevin: ¡No!-dijo cerrándola.-Esperen a que me cambie y yo las acompaño.
Esperamos a que Kevin se preparará.
Cuando estuvo listo, y bajaba por las escaleras yo me quedé asombrada. Iba con vaqueros por la rodilla; camisa de cuadros muy sexy, ya que se le marcaban sus perfectos abdominales, y más formal de lo que solía ser; y unas vans rojas. Se puso el pelo de punta y con el fleco de lado. Me quedé prácticamente embobada.
Kevin: Bueno ya podemos irnos.-dijo sonriendome
Dafne: Venga vámonos.-añadí saliendo por la puerta intentando disimular.
Salimos de la casa y nos condujo hasta la casa de mis padres. Allí aparcó en un terreno. Nos bajamos y caminamos hasta llegar al árbol situado debajo de mi ventana.
Dafne: Ahora...
Kevin: Ahora subimos al árbol y nos colamos por esa ventana.
Dafne: Estaba hablando yo.-dije un tanto mosqueada.
Kevin: Pues habla.
Dafne: No ya termina tú, hagamos lo que tú quieras.-dije fingiendo una sonrisa.
Alba: No se peleen.-intervino.
Kevin: Pues vale. Subamos por la ventana y recogemos eso que tanto quieres.
Escalamos por el árbol hasta llegar a una rama que daba justo a la ventana de mi habitación, para nuestra suerte, esta estaba abierta, y pudimos entrar sin dificultad. Una vez dentro, corrí hacia mi armario, donde tenía, en una cartera, unos ahorros y una tarjeta de crédito a mi nombre y que mis padres no sabían de su existencia. La cogí y me dirigía de nuevo a la ventana, pero, de repente, alguien abre la puerta, y la cartera se me cae al piso.
Cuanto estuve lista y salí del baño, me encontré a Alba bajando las escaleras.
Alba: ¿Qué haces?
Dafne: Salir del baño.
Alba: No ya, ¿pero a dónde vas?
Dafne: A casa de mis padres a buscar aquello.
Alba: Pues espera que te acompaño.-replicó.-Voy a ducharme, me cambio de ropa y vamos.
Dafne: Vale, pero date prisa.
Ella caminó hacia las bolsas y sacó ropa, entró al baño y en 15 minutos estuvo lista. Mientras esperaba, me senté en el sofá a chatear con mi amiga Tamara de lo que me tenía que contar de Samuel, pero no le prestaba mucha atención.
Salimos de la casa, ya listas, cuando un brazo me detuvo.
Dafne: ¿Qué haces? ¡Dejame salir!-exclamé enfureciendome
Kevin: No vais a ir solas a ningún lado.-contestó poniéndose delante mio.
Bajé la mirada y solo tenía una toalla enrollada en la cintura y el torso aún húmedo. Tenía unos abdominales perfectamente definidos lo que hizo que estuviera unos minutos mirandole.
Dafne: No debes ir así por la casa. No estás solo, recuerdalo.
Kevin: Es mi casa y voy por ella como quiero.-contestó con aire de superioridad.-Siento que te atraiga tanto mi cuerpo, pero es solo de Alba.-añadió abrazándola para darme celos, cosa que no consiguió; él a mí no me atrae ni un poco.
Alba: ¡Quita!-exclamó bromeando empujando a Kevin mientras ellos dos se reían.
Yo no le encontraba gracia ninguna.
Dafne: Bueno vámonos.-intervine.-Y que sepas que no me atrae tu cuerpo-añadí giñándole el ojo y abriendo la puerta para salir.
Kevin: ¡No!-dijo cerrándola.-Esperen a que me cambie y yo las acompaño.
Esperamos a que Kevin se preparará.
Cuando estuvo listo, y bajaba por las escaleras yo me quedé asombrada. Iba con vaqueros por la rodilla; camisa de cuadros muy sexy, ya que se le marcaban sus perfectos abdominales, y más formal de lo que solía ser; y unas vans rojas. Se puso el pelo de punta y con el fleco de lado. Me quedé prácticamente embobada.
Kevin: Bueno ya podemos irnos.-dijo sonriendome
Dafne: Venga vámonos.-añadí saliendo por la puerta intentando disimular.
Salimos de la casa y nos condujo hasta la casa de mis padres. Allí aparcó en un terreno. Nos bajamos y caminamos hasta llegar al árbol situado debajo de mi ventana.
Dafne: Ahora...
Kevin: Ahora subimos al árbol y nos colamos por esa ventana.
Dafne: Estaba hablando yo.-dije un tanto mosqueada.
Kevin: Pues habla.
Dafne: No ya termina tú, hagamos lo que tú quieras.-dije fingiendo una sonrisa.
Alba: No se peleen.-intervino.
Kevin: Pues vale. Subamos por la ventana y recogemos eso que tanto quieres.
Escalamos por el árbol hasta llegar a una rama que daba justo a la ventana de mi habitación, para nuestra suerte, esta estaba abierta, y pudimos entrar sin dificultad. Una vez dentro, corrí hacia mi armario, donde tenía, en una cartera, unos ahorros y una tarjeta de crédito a mi nombre y que mis padres no sabían de su existencia. La cogí y me dirigía de nuevo a la ventana, pero, de repente, alguien abre la puerta, y la cartera se me cae al piso.
CAPÍTULO 7.
Alba: Podemos ir a casa de mi amigo Kevin. Vive solo y estará encantado de recibir en su casa a dos chicas como nosotras.-dije pícara.
Dafne: Vale.-contestó.-Pero mañana, vayamos a casa de mis padres, tengo que buscar algo de mucha importancia.
Alba: Vale, vale.-respondí.
La casa de Kevin quedaba bastante lejos, así que lo llamé para que nos viniera a buscar.
Mientras esperábamos le pregunté que qué era esa cosa que tenía que buscar en su casa, cuando me lo dijo, sube porque era tan importante.
Llegó Kevin en su coche, bajo la ventanilla y nos miro de arriba abajo quitandose sus gafas negras.
Alba: ¡Es de noche! ¿Qué haces con gafas?-pregunté entre risas.
Kevin: Solo quiero presumir.-contestó entre risas también.-¿No me presentas a tu amiga?
Dafne: No hace falta que nadie me presente, tengo boca.-contestó seria.-Me llamo Dafne.
Kevin: Ya veo que es de tu mismo carácter.-dijo refiriéndose a mí.-Yo soy Kevin.-respondió.-Anda, subid al coche que creo que esas bolsas con tanta ropa os deben de pesar.
Alba: Pues sí. Abre el maletero.
Kevin abrió el maletero y metimos todas las bolsas y, luego, nos subimos, las dos, en la parte de atrás del coche.
Kevin: ¿Te has vuelto a ir a casa de tus padres?
Alba: Sí y mi amiga también, por eso te he llamado para que...-respondí siendo interrumpida por él.
Kevin: Para que te deje quedar en mi casa, ¿no?
Alba: Para que nos dejes a las dos, por favor.
Kevin: Sí, no te preocupes. Mi casa estará siempre abierta para chicas como ustedes.-dijo mirándonos de reojo por el espejo retrovisor.-Pero que sepáis que me he mudado de casa y solo tengo una habitación.
Dafne: ¿Eso qué quiere decir? ¿Tenemos que compartir habitación?
Kevin: Sí, y solo tengo una cama.
Dafne: Lo siento, pero me niego. Para el coche, yo me bajo aquí.
Alba: ¿Y a dónde te vas si no tienes nada de dinero? Como no sea que te vayas a casa de tus padres...
Dafne se quedó callada, ella sabía que yo tenía razón.
Continuamos el treyecto de ida a la casa de Kevin. Llegamos y bajamos todas nuestras bolsas con su ayuda.
Dafne: No hace falta que nos ayude. Somos mujeres hechas y derechas, no necesitamos la ayuda de nadie.
Kevin: ¡Tienes el mismo carácter que Alba!-exclamó sorprendido.
Dafne: Puede ser.
Kevin: Bueno, yo entro a preparar la habitación.
Alba: ¿La tienes desordenada?
Kevin: Sí.-contestó pícaro.-He tenido unas noches movidas.
Dafne rodeó los ojos y yo me reí.
Kevin entró a la casa y se fue a su habitación, nosotras colocamos las bolsas en el salón.
-Narra Dafne.
En mi vida había visto un salón semejante a este. Es pequeño, desordenado, sucio, mal decorado, y muchas más cosas.
Se me abrieron los ojos como platos al verlo, pero Alba simplemente paso de largo colocando las bolsas.
Terminamos de colocar dichas bolsas y fuimos a su habitación. Yo no quería ni imaginarme como iba a ser su dormitorio habiendo visto el salón. Pero me sorprendió, era una habitación limpia y ordenada.
Alba: Está limpia y ordenada porque la acaba de limpiar.-me susurró.
Rodeé mis ojos.
Kevin: Bueno, aquí estamos.-intervino.
Dafne: Sí, bueno yo voy a dormir al salón. La cama es bastante pequeña para tres.
Alba: No, es grande. No tienes porque dormir en el salón. Además solo será una noche, mañana será todo distinto.
Acepté y dormimos los tres en esa pequeña cama, aunque ellos seguían diciendo que esa cama era grande.
Dafne: Vale.-contestó.-Pero mañana, vayamos a casa de mis padres, tengo que buscar algo de mucha importancia.
Alba: Vale, vale.-respondí.
La casa de Kevin quedaba bastante lejos, así que lo llamé para que nos viniera a buscar.
Mientras esperábamos le pregunté que qué era esa cosa que tenía que buscar en su casa, cuando me lo dijo, sube porque era tan importante.
Llegó Kevin en su coche, bajo la ventanilla y nos miro de arriba abajo quitandose sus gafas negras.
Alba: ¡Es de noche! ¿Qué haces con gafas?-pregunté entre risas.
Kevin: Solo quiero presumir.-contestó entre risas también.-¿No me presentas a tu amiga?
Dafne: No hace falta que nadie me presente, tengo boca.-contestó seria.-Me llamo Dafne.
Kevin: Ya veo que es de tu mismo carácter.-dijo refiriéndose a mí.-Yo soy Kevin.-respondió.-Anda, subid al coche que creo que esas bolsas con tanta ropa os deben de pesar.
Alba: Pues sí. Abre el maletero.
Kevin abrió el maletero y metimos todas las bolsas y, luego, nos subimos, las dos, en la parte de atrás del coche.
Kevin: ¿Te has vuelto a ir a casa de tus padres?
Alba: Sí y mi amiga también, por eso te he llamado para que...-respondí siendo interrumpida por él.
Kevin: Para que te deje quedar en mi casa, ¿no?
Alba: Para que nos dejes a las dos, por favor.
Kevin: Sí, no te preocupes. Mi casa estará siempre abierta para chicas como ustedes.-dijo mirándonos de reojo por el espejo retrovisor.-Pero que sepáis que me he mudado de casa y solo tengo una habitación.
Dafne: ¿Eso qué quiere decir? ¿Tenemos que compartir habitación?
Kevin: Sí, y solo tengo una cama.
Dafne: Lo siento, pero me niego. Para el coche, yo me bajo aquí.
Alba: ¿Y a dónde te vas si no tienes nada de dinero? Como no sea que te vayas a casa de tus padres...
Dafne se quedó callada, ella sabía que yo tenía razón.
Continuamos el treyecto de ida a la casa de Kevin. Llegamos y bajamos todas nuestras bolsas con su ayuda.
Dafne: No hace falta que nos ayude. Somos mujeres hechas y derechas, no necesitamos la ayuda de nadie.
Kevin: ¡Tienes el mismo carácter que Alba!-exclamó sorprendido.
Dafne: Puede ser.
Kevin: Bueno, yo entro a preparar la habitación.
Alba: ¿La tienes desordenada?
Kevin: Sí.-contestó pícaro.-He tenido unas noches movidas.
Dafne rodeó los ojos y yo me reí.
Kevin entró a la casa y se fue a su habitación, nosotras colocamos las bolsas en el salón.
-Narra Dafne.
En mi vida había visto un salón semejante a este. Es pequeño, desordenado, sucio, mal decorado, y muchas más cosas.
Se me abrieron los ojos como platos al verlo, pero Alba simplemente paso de largo colocando las bolsas.
Terminamos de colocar dichas bolsas y fuimos a su habitación. Yo no quería ni imaginarme como iba a ser su dormitorio habiendo visto el salón. Pero me sorprendió, era una habitación limpia y ordenada.
Alba: Está limpia y ordenada porque la acaba de limpiar.-me susurró.
Rodeé mis ojos.
Kevin: Bueno, aquí estamos.-intervino.
Dafne: Sí, bueno yo voy a dormir al salón. La cama es bastante pequeña para tres.
Alba: No, es grande. No tienes porque dormir en el salón. Además solo será una noche, mañana será todo distinto.
Acepté y dormimos los tres en esa pequeña cama, aunque ellos seguían diciendo que esa cama era grande.
sábado, 18 de mayo de 2013
CAPÍTULO 6.
-Narra Dafne.
Dafne: ¿Ahora qué vas a hacer?-pregunté con indiferencia.
Alba: Me voy a mi casa.-contestó a la vez que se levantaba de la silla.-¿Y tú?
Dafne: ¿A casa? ¿No has oído a tu madre?
Alba: Sí, pero tendré que ir en algún momento u otro. Ella es la que me mantiene por ahora.
Dafne: Vente conmigo, vayamos a algún hotel o a otra ciudad.-contesté.-Tenemos que demostrarle a nuestros padres que somos más listas que ellos, y que no volveremos.
Alba: Al final, siempre volveremos. Creeme, me he escapado de casa muchas veces y siempre acabo volviendo.
Dafne: Esta vez será distinto porque ahora estás conmigo. Eres una chica como yo, atrevida, extrovertida...
Alba: ¿Por qué piensas eso de mí?
Dafne: Porque te he visto como actuas en frente de tu madre, en frente de los guardias. Ni mi mejor amiga es capaz de portarse así, no he conocido a nadie así, a parte de a mí misma.
Alba: Bueno, tienes razón. Yo pienso igual. Aunque en mi barrio sí hay chicos que se comportan de esa manera.
Estuvimos un rato hablando y conociéndonos hasta darnos cuenta de que estábamos en la mismo despacho con un guardia escuchando todo.
Tomé a Alba de un brazo y me la llevé fuera de allí. Salimos del centro comercial y caminamos unas manzanas hasta llegar a un restaurante.
Alba: ¿Para qué me has traído aquí?
Dafne: Son las 2 de la tarde, supongo que tendrás hambre.
Alba: Es verdad, pero no tengo dinero para pagar nada.
Dafne: Olvídate del dinero, yo invito.
Pedimos un buen almuerzo y yo lo pagué todo. Primera vez en mi vida que invitaba a alguien a comer y la trataba tan bien como estoy haciendo ahora. Algo estaba cambiando en mí, es como si esta chica y yo nos conociéramos de toda la vida.
Alba: Pues muchas gracias por invitarme a comer.-dijo amablemente.-Ahora ¿a dónde vamos?
Dafne: ¿A donde quieres ir?
Alba: No sé, tú eres la del dinero. Yo soy la pobre que sigue tus pasos.-dijo bromeando.
Dafne: ¡Vayamos a comprarnos ropa!
Ella aceptó, pero había un pequeño problema: nos habían restringido la entrada al centro comercial mas importante de la ciudad.
-Narra Alba.
Alba: Vayamos a otro centro comercial, hay varios en la ciudad, no solo ese.
Me hizo caso y fuimos a otro.
Nos pasamos toda la tarde comprando ropa y divirtiendonos en cada una de las tiendas. Nunca pensé que me llevaría tan bien con alguien que conocía de un día.
Se hizo de noche, eran como las 10 de la noche y tuvimos que irnos porque ya cerraban. Ahora estaba confusa, ¿a donde iríamos?
Dafne: Vámonos a un hotel.-dijo sacando su tarjeta de crédito.
Alba: ¿No crees que tus padres te habrán cancelado la tarjeta?
Dafne: Seguramente, vayamos a comprobar a un cajero.
Caminamos unos metros buscando un cajero. Cuando por fin encontramos uno, comprobamos la tarjeta y yo tenía razón, estaba cancelada.
Dafne: ¿Ahora qué vas a hacer?-pregunté con indiferencia.
Alba: Me voy a mi casa.-contestó a la vez que se levantaba de la silla.-¿Y tú?
Dafne: ¿A casa? ¿No has oído a tu madre?
Alba: Sí, pero tendré que ir en algún momento u otro. Ella es la que me mantiene por ahora.
Dafne: Vente conmigo, vayamos a algún hotel o a otra ciudad.-contesté.-Tenemos que demostrarle a nuestros padres que somos más listas que ellos, y que no volveremos.
Alba: Al final, siempre volveremos. Creeme, me he escapado de casa muchas veces y siempre acabo volviendo.
Dafne: Esta vez será distinto porque ahora estás conmigo. Eres una chica como yo, atrevida, extrovertida...
Alba: ¿Por qué piensas eso de mí?
Dafne: Porque te he visto como actuas en frente de tu madre, en frente de los guardias. Ni mi mejor amiga es capaz de portarse así, no he conocido a nadie así, a parte de a mí misma.
Alba: Bueno, tienes razón. Yo pienso igual. Aunque en mi barrio sí hay chicos que se comportan de esa manera.
Estuvimos un rato hablando y conociéndonos hasta darnos cuenta de que estábamos en la mismo despacho con un guardia escuchando todo.
Tomé a Alba de un brazo y me la llevé fuera de allí. Salimos del centro comercial y caminamos unas manzanas hasta llegar a un restaurante.
Alba: ¿Para qué me has traído aquí?
Dafne: Son las 2 de la tarde, supongo que tendrás hambre.
Alba: Es verdad, pero no tengo dinero para pagar nada.
Dafne: Olvídate del dinero, yo invito.
Pedimos un buen almuerzo y yo lo pagué todo. Primera vez en mi vida que invitaba a alguien a comer y la trataba tan bien como estoy haciendo ahora. Algo estaba cambiando en mí, es como si esta chica y yo nos conociéramos de toda la vida.
Alba: Pues muchas gracias por invitarme a comer.-dijo amablemente.-Ahora ¿a dónde vamos?
Dafne: ¿A donde quieres ir?
Alba: No sé, tú eres la del dinero. Yo soy la pobre que sigue tus pasos.-dijo bromeando.
Dafne: ¡Vayamos a comprarnos ropa!
Ella aceptó, pero había un pequeño problema: nos habían restringido la entrada al centro comercial mas importante de la ciudad.
-Narra Alba.
Alba: Vayamos a otro centro comercial, hay varios en la ciudad, no solo ese.
Me hizo caso y fuimos a otro.
Nos pasamos toda la tarde comprando ropa y divirtiendonos en cada una de las tiendas. Nunca pensé que me llevaría tan bien con alguien que conocía de un día.
Se hizo de noche, eran como las 10 de la noche y tuvimos que irnos porque ya cerraban. Ahora estaba confusa, ¿a donde iríamos?
Dafne: Vámonos a un hotel.-dijo sacando su tarjeta de crédito.
Alba: ¿No crees que tus padres te habrán cancelado la tarjeta?
Dafne: Seguramente, vayamos a comprobar a un cajero.
Caminamos unos metros buscando un cajero. Cuando por fin encontramos uno, comprobamos la tarjeta y yo tenía razón, estaba cancelada.
CAPÍTULO 5.
-Narra Dafne.
El despacho era, en una sola palabra, horroroso.
Guardia: Hemos llamado a vuestros padres para que os vengan a buscar.
Alba: ¡Estas loco! ¿Cómo conseguiste el número?-preguntó extrañada.
Guardia: No es asunto de ustedes.-contestó.-A partir de ahora os queda restringida la entrada a este centro comercial. Vuestros padres tienen que pagar los destrozos y aquí tenéis la factura.-dijo mientras nos enseñaba un papel con varios número.
Alba coge el papel y lo rompe en pedazos.
Alba: Yo no pienso pagar nada.
Dafne: Yo menos.
Miguel: Eso os pasa por pelear. Y vais a ser ustedes quienes lo vais a pagar. Nosotros no hemos hecho nada.
Miré con rabia a Miguel. ¿En serio iba a hacerme eso? Aunque me daba igual, mis padres tenían dinero para pagar los destrozos y comprar el centro comercial entero.
Dafne: Bueno, tienes razón Miguel. Yo lo pagaré todo.
Cristian: Las dos.
Dafne: No, no. Lo pagaré yo.
Saqué un cheque de mi cartera y escribí la cantidad de dinero que estaba en el papel que había roto Alba.
Dafne: Ya está, ahora vámonos.
Guardia: De eso nada. Vuestros padres vienen ahora.
Nos quedamos los 7 esperando.
A los minutos, aparece mi padre.
Padre de Dafne: ¡Dafne! Esto no me lo esperaba de ti.-dijo enfadado.-Tu madre se va a poner contenta.-dijo sarcásticamente.
Dafne: Me alegro por ella.-dije sarcásticamente rodeando mis ojos.
Padre de Dafne: Disculpe las molestias que le han podido causar estos jóvenes.-explicó mi padre al guardia.-Ahora mismo se vienen conmigo.
Dafne: Yo no me voy a ir contigo a ninguna parte.
-Narra Alba.
Mientras Dafne discutía con su padre, nosotros esperábamos a nuestros padres. En eso, llega mi madre.
Madre de Alba: ¡Alba Pérez López!-exclamó gritando.-Me tienes contenta, te vas a casa de Alicia, te gastas mi dinero, pierdes la bolsa con las naranjas, y ahora, destrozas media tienda. ¿Qué es lo próximo? Yo ya no puedo más contigo. ¡Vamos para casa enseguida! ¡Y tú, Eduardo, también te vienes conmigo!
Eduardo se levanto de la silla y se fue con mi madre.
Alba: Yo no me voy a ir contigo a ninguna parte.-dije a la misma vez que Dafne le respondía a su padre.
¿En serio? ¿Otra vez? Parece que estuviéramos conectadas.
Dafne y yo nos miramos y sonreímos. Creo que a pesar de todo, nos hemos caído bien.
Madre de Alba: Yo ya contigo no puedo más, haz lo que quieras.-dijo casanda.-Edu, vámonos.
Ella se fue y yo me quedé con Alicia y los demás escuchando la conversación de Dafne y su padre.
Padre de Dafne: ¡Pues quedate aquí! ¡Haz lo que quieras! ¡Ya vendrás rogando que te deje entrar a casa, otra vez!
Dafne: ¡Creeme que esta vez será distinto!
El padre se fue, y detrás de él sus dos amigos y Tamara. Ahora estábamos Alicia, Dafne y yo acompañadas por el guardia. Pero, a los minutos, viene la madre de mi mejor amiga, y las dos se van. Ahora sí que estábamos solas Dafne y yo.
El despacho era, en una sola palabra, horroroso.
Guardia: Hemos llamado a vuestros padres para que os vengan a buscar.
Alba: ¡Estas loco! ¿Cómo conseguiste el número?-preguntó extrañada.
Guardia: No es asunto de ustedes.-contestó.-A partir de ahora os queda restringida la entrada a este centro comercial. Vuestros padres tienen que pagar los destrozos y aquí tenéis la factura.-dijo mientras nos enseñaba un papel con varios número.
Alba coge el papel y lo rompe en pedazos.
Alba: Yo no pienso pagar nada.
Dafne: Yo menos.
Miguel: Eso os pasa por pelear. Y vais a ser ustedes quienes lo vais a pagar. Nosotros no hemos hecho nada.
Miré con rabia a Miguel. ¿En serio iba a hacerme eso? Aunque me daba igual, mis padres tenían dinero para pagar los destrozos y comprar el centro comercial entero.
Dafne: Bueno, tienes razón Miguel. Yo lo pagaré todo.
Cristian: Las dos.
Dafne: No, no. Lo pagaré yo.
Saqué un cheque de mi cartera y escribí la cantidad de dinero que estaba en el papel que había roto Alba.
Dafne: Ya está, ahora vámonos.
Guardia: De eso nada. Vuestros padres vienen ahora.
Nos quedamos los 7 esperando.
A los minutos, aparece mi padre.
Padre de Dafne: ¡Dafne! Esto no me lo esperaba de ti.-dijo enfadado.-Tu madre se va a poner contenta.-dijo sarcásticamente.
Dafne: Me alegro por ella.-dije sarcásticamente rodeando mis ojos.
Padre de Dafne: Disculpe las molestias que le han podido causar estos jóvenes.-explicó mi padre al guardia.-Ahora mismo se vienen conmigo.
Dafne: Yo no me voy a ir contigo a ninguna parte.
-Narra Alba.
Mientras Dafne discutía con su padre, nosotros esperábamos a nuestros padres. En eso, llega mi madre.
Madre de Alba: ¡Alba Pérez López!-exclamó gritando.-Me tienes contenta, te vas a casa de Alicia, te gastas mi dinero, pierdes la bolsa con las naranjas, y ahora, destrozas media tienda. ¿Qué es lo próximo? Yo ya no puedo más contigo. ¡Vamos para casa enseguida! ¡Y tú, Eduardo, también te vienes conmigo!
Eduardo se levanto de la silla y se fue con mi madre.
Alba: Yo no me voy a ir contigo a ninguna parte.-dije a la misma vez que Dafne le respondía a su padre.
¿En serio? ¿Otra vez? Parece que estuviéramos conectadas.
Dafne y yo nos miramos y sonreímos. Creo que a pesar de todo, nos hemos caído bien.
Madre de Alba: Yo ya contigo no puedo más, haz lo que quieras.-dijo casanda.-Edu, vámonos.
Ella se fue y yo me quedé con Alicia y los demás escuchando la conversación de Dafne y su padre.
Padre de Dafne: ¡Pues quedate aquí! ¡Haz lo que quieras! ¡Ya vendrás rogando que te deje entrar a casa, otra vez!
Dafne: ¡Creeme que esta vez será distinto!
El padre se fue, y detrás de él sus dos amigos y Tamara. Ahora estábamos Alicia, Dafne y yo acompañadas por el guardia. Pero, a los minutos, viene la madre de mi mejor amiga, y las dos se van. Ahora sí que estábamos solas Dafne y yo.
CAPÍTULO 4.
Alba: No tengo porque esperar.
Eduardo: Sí, porque lo siento.
Alba: ¿Sentir qué? ¿Haberme dejado por una puta? ¿Haber conseguido que me pusiera mal por ti? ¿Haber logrado que no vuelva a confiar en ningún chico?-mentí, yo no soy de ese tipo de chicas. Solo lo hacía para hacerle sentir culpable.
Eduardo: Sí, por todo eso. Lo siento, de verdad.
Alba: Con un simple lo siento no vas a conseguir nada.
Eduardo: Dime que tengo que hacer para volver a enamorarte y lo haré.
Alba: ¡¿Qué tienes que hacer!? ¡¿En serio!? ¡¿Tienes que preguntarme para saberlo!?-pregunté gritando muy enfadada.
Xxx: Eh, ya está. Paren de pelearse.-añadió la misma chica que me había quitado mi vestido turquesa.
Alba: ¡Tú no eres nadie para decirme lo que tengo qué hacer! ¡ Métete en tu vida!-grité eufórica.
Xxx: Mira niña, solo te estoy dando un consejo.
Alba: Pues me dan igual tus consejos, ahora lárgate por donde has venido, estúpida.
Xxx: ¿Cómo? ¿A quién has llamado estúpida?
Alba: A ti, guapa.
Eduardo: No peleen.-añadió poniendo los brazos en medio de nosotras dos.
Xxx y Alba: ¡No te metas!-exclamamos las dos a la vez.
Ella no manda a callar a Eduardo, solo yo. Esto me lleno de rabia, más de la que tenía, y le dí un puñetazo en el estómago. Ella lo esquivó y me tiro al suelo. Se puso encima de mí y empezó a darme cachetadas y golpes. Yo me defendí tirandole del pelo y deshaciendole su larga trenza. Ella respondió tirandome del pelo. Al final, acabamos revolcandonos por el piso de dicha tienda. Estuvimos así unos largos minutos, hasta que Eduardo, Alicia y dos chicos acompañados con una chica, nos separan.
Xxx: Dafne, ya dejala.-gritó la chica que los acompañaba.
Dafne: Tamara, dejame.-replicó enfadada.-No voy a dejar que se meta conmigo así porque sí. Ella quiere guerra pues la va a tener.
Alba: ¡Pues sí la quieres, aquí me tienes!
Eduardo: Alba, tranquila.-dijo mientras me sostenía del brazo.
En ese momento, aparecen 4 guardias de seguridad.
Guardia1: Ustedes 7, acompáñennos.-exigió el que parecía ser el veterano de los 4.
Todos aceptaron ir menos Dafne y yo.
Guardia2: Ustedes dos, señoritas, también.-añadió el más joven de ellos, parecía que tuviera unos 20 años.
Dafne y Alba: No tenemos por qué ir y no queremos.
Las dos nos miramos sorprendidas. ¿Habíamos dicho exactamente lo mismo? Parece ser que sí.
Dos guardias se acercan a nosotras y nos toman por la fuerza.
Dafne: ¡Sueltame! ¿Pero tú quién te has creído?-preguntaba enfadada.-¡Sueltame imbécil!
Alba: ¡Estúpido, bajame de aquí ya!
Nosotras no paramos de gritar todo el camino hasta llegar a un despacho lúgubre y mal decorado. Allí nos obligaron a sentarnos en unas sillas en frente de una mesa de despacho.
Eduardo: Sí, porque lo siento.
Alba: ¿Sentir qué? ¿Haberme dejado por una puta? ¿Haber conseguido que me pusiera mal por ti? ¿Haber logrado que no vuelva a confiar en ningún chico?-mentí, yo no soy de ese tipo de chicas. Solo lo hacía para hacerle sentir culpable.
Eduardo: Sí, por todo eso. Lo siento, de verdad.
Alba: Con un simple lo siento no vas a conseguir nada.
Eduardo: Dime que tengo que hacer para volver a enamorarte y lo haré.
Alba: ¡¿Qué tienes que hacer!? ¡¿En serio!? ¡¿Tienes que preguntarme para saberlo!?-pregunté gritando muy enfadada.
Xxx: Eh, ya está. Paren de pelearse.-añadió la misma chica que me había quitado mi vestido turquesa.
Alba: ¡Tú no eres nadie para decirme lo que tengo qué hacer! ¡ Métete en tu vida!-grité eufórica.
Xxx: Mira niña, solo te estoy dando un consejo.
Alba: Pues me dan igual tus consejos, ahora lárgate por donde has venido, estúpida.
Xxx: ¿Cómo? ¿A quién has llamado estúpida?
Alba: A ti, guapa.
Eduardo: No peleen.-añadió poniendo los brazos en medio de nosotras dos.
Xxx y Alba: ¡No te metas!-exclamamos las dos a la vez.
Ella no manda a callar a Eduardo, solo yo. Esto me lleno de rabia, más de la que tenía, y le dí un puñetazo en el estómago. Ella lo esquivó y me tiro al suelo. Se puso encima de mí y empezó a darme cachetadas y golpes. Yo me defendí tirandole del pelo y deshaciendole su larga trenza. Ella respondió tirandome del pelo. Al final, acabamos revolcandonos por el piso de dicha tienda. Estuvimos así unos largos minutos, hasta que Eduardo, Alicia y dos chicos acompañados con una chica, nos separan.
Xxx: Dafne, ya dejala.-gritó la chica que los acompañaba.
Dafne: Tamara, dejame.-replicó enfadada.-No voy a dejar que se meta conmigo así porque sí. Ella quiere guerra pues la va a tener.
Alba: ¡Pues sí la quieres, aquí me tienes!
Eduardo: Alba, tranquila.-dijo mientras me sostenía del brazo.
En ese momento, aparecen 4 guardias de seguridad.
Guardia1: Ustedes 7, acompáñennos.-exigió el que parecía ser el veterano de los 4.
Todos aceptaron ir menos Dafne y yo.
Guardia2: Ustedes dos, señoritas, también.-añadió el más joven de ellos, parecía que tuviera unos 20 años.
Dafne y Alba: No tenemos por qué ir y no queremos.
Las dos nos miramos sorprendidas. ¿Habíamos dicho exactamente lo mismo? Parece ser que sí.
Dos guardias se acercan a nosotras y nos toman por la fuerza.
Dafne: ¡Sueltame! ¿Pero tú quién te has creído?-preguntaba enfadada.-¡Sueltame imbécil!
Alba: ¡Estúpido, bajame de aquí ya!
Nosotras no paramos de gritar todo el camino hasta llegar a un despacho lúgubre y mal decorado. Allí nos obligaron a sentarnos en unas sillas en frente de una mesa de despacho.
CAPÍTULO 3.
CAPÍTULO 3.
-Narra Dafne.
Llegamos al centro comercial y el chofer aparcó justo en la entrada de dicho lugar. Nosotras nos bajamos de él, y de repente, aparece otro coche que supimos que era de mis padres por la matrícula.
Tamara: ¿Tus padres saben que venías?
Dafne: No, nunca me preguntan nada de lo que hago. No les iba a decir, ahora, a donde iba.
Unos hombres se bajaron de dicho coche y vinieron hacia nosotras.
Xxx: Hola señoritas.-dijeron los dos hombres, que no resultaron ser dos hombres, si no dos chicos de nuestra edad.
Tamara: ¡Miguel! ¡Cristian!-exclamó aliviada al saber que eran ellos.
Dafne: Pensábamos que eran mis padres, por el coche.
Miguel: Ah, el coche.-suspiró.-Se lo hemos robado a tus padres.
Todos estallamos de risa.
Entramos al centro comercial y vimos un montón de gente. Estaba acostumbrada a ver esta imagen, pues cada nueva temporada, las tiendas estaban así de llenas.
Estas aun no habían abierto y nosotros poco a poco, mientras nos abríamos paso entre la multitud, nos íbamos acercando hasta la puerta de una de nuestras tiendas favoritas "Stradivarius".
Ya justo en la entrada, la gente nos estaba aplastando.
Al fin era las 9 de la mañana y abrieron la puerta. Todo el mundo empezó a gritar mientras nos empujaban hacia dentro sin ni siquiera nosotros darnos cuenta.
Dentro de la tienda, los chicos fueron a la parte de la ropa masculina, y nosotras a la parte femenina. Entre, prendas y prendas, no sabía que elegir: todo me gustaba. Justo en ese momento, veo un vestido palabra de honor de color turquesa. Solo quedaba un vestido, lo iba a coger cuando una chica de unos 16 años, lo coge también. Las dos tiramos de él, hasta darnos cuenta de que era inútil.
Xxx: ¡Anda, quedatela! ¡Hay prendas mejores!-exclamó esa chica.
Dafne: Pues tú te lo pierdes.-repliqué con aire de superioridad.
Tomé el vestido y lo puse en mi cesta. Seguí observando la tienda en busca de más ropa.
-Narra Alba.
Estaba en el centro comercial, cuando veo un vestido de palabra de honor color turquesa hermoso. Lo quería, pero una estúpida de unos 16 años me lo quitó. Seguí buscando más ropa acompañada de mi amiga Alicia, cuando en la zona masculina, nos encontramos a Eduardo.
Vino hasta donde estabamos nosotras.
Le dio dos besos en el cachete a Alicia y cuando intentó acercarse a mí lo esquivé. Me di la vuelta y caminé a una estantería de ropa un poco mas alejada de donde estaban ellos.
Eduardo: ¡Espera, Alba!
-Narra Dafne.
Llegamos al centro comercial y el chofer aparcó justo en la entrada de dicho lugar. Nosotras nos bajamos de él, y de repente, aparece otro coche que supimos que era de mis padres por la matrícula.
Tamara: ¿Tus padres saben que venías?
Dafne: No, nunca me preguntan nada de lo que hago. No les iba a decir, ahora, a donde iba.
Unos hombres se bajaron de dicho coche y vinieron hacia nosotras.
Xxx: Hola señoritas.-dijeron los dos hombres, que no resultaron ser dos hombres, si no dos chicos de nuestra edad.
Tamara: ¡Miguel! ¡Cristian!-exclamó aliviada al saber que eran ellos.
Dafne: Pensábamos que eran mis padres, por el coche.
Miguel: Ah, el coche.-suspiró.-Se lo hemos robado a tus padres.
Todos estallamos de risa.
Entramos al centro comercial y vimos un montón de gente. Estaba acostumbrada a ver esta imagen, pues cada nueva temporada, las tiendas estaban así de llenas.
Estas aun no habían abierto y nosotros poco a poco, mientras nos abríamos paso entre la multitud, nos íbamos acercando hasta la puerta de una de nuestras tiendas favoritas "Stradivarius".
Ya justo en la entrada, la gente nos estaba aplastando.
Al fin era las 9 de la mañana y abrieron la puerta. Todo el mundo empezó a gritar mientras nos empujaban hacia dentro sin ni siquiera nosotros darnos cuenta.
Dentro de la tienda, los chicos fueron a la parte de la ropa masculina, y nosotras a la parte femenina. Entre, prendas y prendas, no sabía que elegir: todo me gustaba. Justo en ese momento, veo un vestido palabra de honor de color turquesa. Solo quedaba un vestido, lo iba a coger cuando una chica de unos 16 años, lo coge también. Las dos tiramos de él, hasta darnos cuenta de que era inútil.
Xxx: ¡Anda, quedatela! ¡Hay prendas mejores!-exclamó esa chica.
Dafne: Pues tú te lo pierdes.-repliqué con aire de superioridad.
Tomé el vestido y lo puse en mi cesta. Seguí observando la tienda en busca de más ropa.
-Narra Alba.
Estaba en el centro comercial, cuando veo un vestido de palabra de honor color turquesa hermoso. Lo quería, pero una estúpida de unos 16 años me lo quitó. Seguí buscando más ropa acompañada de mi amiga Alicia, cuando en la zona masculina, nos encontramos a Eduardo.
Vino hasta donde estabamos nosotras.
Le dio dos besos en el cachete a Alicia y cuando intentó acercarse a mí lo esquivé. Me di la vuelta y caminé a una estantería de ropa un poco mas alejada de donde estaban ellos.
Eduardo: ¡Espera, Alba!
jueves, 16 de mayo de 2013
CAPÍTULO 2.
-Narra Alba.
Madre de Alba: ¡A levantarse!-gritó mientras me quitaba las sábanas.
Yo: ¡Es sábado!
Madre de Alba: Lo sé, pero quiero que me hagas unos recados.
Yo: Repito, ¡es sábado! ¡Mi día de descanso, dejame dormir!
Madre de Alba: ¿Tú día de descanso? ¿Y cuándo es mi día de descanso?-preguntó sarcástica.
Me quedé pensando unos minutos mientras ella seguía hablando. Si salía a hacer los recados, podía aprovechar e ir a casa de mi mejor amiga, Alicia .
Alba: Vale, mamá.
Mi madre creo que se sorprendió tras ver que aceptaba ir a hacer sus recados.
Madre de Alba: Necesito que vayas a la casa de tu tía Mónica, y le lleves este sobre con dinero; después, a casa de Federico, y llevale esta bolsa con naranjas; y creo que mas nada. Gracias.
Ella salió de la habitación y yo me vestí lo más rápido posible. Tenía que salir cuanto antes. Quería llegar ya a la casa de mi amiga para contarle lo que me había pasado ayer con Eduardo. Me puse unos vaqueros cortos, con una camisa de asillas de color roja y unas vans.
Bajé a la cocina y cogí unas galletas, un vaso de leche y me senté a desayunar.
Saludé a mi padre, que siempre estaba sentado en el sofá viendo la televisión y después a mi perra, Mafi.
Terminé de desayunar, y cogí mi bolso para salir ya. En ese momento llega mi madre.
Madre de Alba: Y por favor, no vayas a casa de Alicia.-decía mientras yo abría la puerta y salía.
Cerré la puerta de golpe enfrente de sus narices. Ella no es nadie para decirme con quién puedo quedar y con quién no. Es mi vida, no la suya.
Caminé hacia la casa de Alicia, que quedaba a unas manzanas de la mía. Toqué la puerta y me abrió ella.
Alicia: ¡Alba!
Alba: ¡Alicia!
Alicia: ¡Pasa, pasa!
Entré a su casa y nos sentamos en el sofá.
Alicia: Me enteré de lo de Eduardo, lo siento.
Alba: ¿Sentirlo? No hace falta, la que lo siente soy yo por él. Mira que andar con ese adefesio en vez que conmigo. Él se lo pierde.
Alicia: Es verdad, él se lo pierde. Pero aún no entiendo que pudo ver en Lucía.
Alba: Ni yo, pero cambiemos de tema. Tengo unos 150€ en este sobre, ¿vamos a comprarnos algo de ropa?
Alicia: ¡Sí! ¡Y encima, hoy ponen la nueva temporada! ¡Nos daremos el gusto de comprarnos ropa!-exclamó entre risas.Las dos nos levantamos del sofá. Yo, antes de salir de la casa, coloqué la bolsa de las naranjas encima de la encimera de la cocina. Pedimos un taxi, y nos fuimos al centro comercial.
Madre de Alba: ¡A levantarse!-gritó mientras me quitaba las sábanas.
Yo: ¡Es sábado!
Madre de Alba: Lo sé, pero quiero que me hagas unos recados.
Yo: Repito, ¡es sábado! ¡Mi día de descanso, dejame dormir!
Madre de Alba: ¿Tú día de descanso? ¿Y cuándo es mi día de descanso?-preguntó sarcástica.
Me quedé pensando unos minutos mientras ella seguía hablando. Si salía a hacer los recados, podía aprovechar e ir a casa de mi mejor amiga, Alicia .
Alba: Vale, mamá.
Mi madre creo que se sorprendió tras ver que aceptaba ir a hacer sus recados.
Madre de Alba: Necesito que vayas a la casa de tu tía Mónica, y le lleves este sobre con dinero; después, a casa de Federico, y llevale esta bolsa con naranjas; y creo que mas nada. Gracias.
Ella salió de la habitación y yo me vestí lo más rápido posible. Tenía que salir cuanto antes. Quería llegar ya a la casa de mi amiga para contarle lo que me había pasado ayer con Eduardo. Me puse unos vaqueros cortos, con una camisa de asillas de color roja y unas vans.
Bajé a la cocina y cogí unas galletas, un vaso de leche y me senté a desayunar.
Saludé a mi padre, que siempre estaba sentado en el sofá viendo la televisión y después a mi perra, Mafi.
Terminé de desayunar, y cogí mi bolso para salir ya. En ese momento llega mi madre.
Madre de Alba: Y por favor, no vayas a casa de Alicia.-decía mientras yo abría la puerta y salía.
Cerré la puerta de golpe enfrente de sus narices. Ella no es nadie para decirme con quién puedo quedar y con quién no. Es mi vida, no la suya.
Caminé hacia la casa de Alicia, que quedaba a unas manzanas de la mía. Toqué la puerta y me abrió ella.
Alicia: ¡Alba!
Alba: ¡Alicia!
Alicia: ¡Pasa, pasa!
Entré a su casa y nos sentamos en el sofá.
Alicia: Me enteré de lo de Eduardo, lo siento.
Alba: ¿Sentirlo? No hace falta, la que lo siente soy yo por él. Mira que andar con ese adefesio en vez que conmigo. Él se lo pierde.
Alicia: Es verdad, él se lo pierde. Pero aún no entiendo que pudo ver en Lucía.
Alba: Ni yo, pero cambiemos de tema. Tengo unos 150€ en este sobre, ¿vamos a comprarnos algo de ropa?
Alicia: ¡Sí! ¡Y encima, hoy ponen la nueva temporada! ¡Nos daremos el gusto de comprarnos ropa!-exclamó entre risas.Las dos nos levantamos del sofá. Yo, antes de salir de la casa, coloqué la bolsa de las naranjas encima de la encimera de la cocina. Pedimos un taxi, y nos fuimos al centro comercial.
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