Alba: No tengo porque esperar.
Eduardo: Sí, porque lo siento.
Alba: ¿Sentir qué? ¿Haberme dejado por una puta? ¿Haber conseguido que me pusiera mal por ti? ¿Haber logrado que no vuelva a confiar en ningún chico?-mentí, yo no soy de ese tipo de chicas. Solo lo hacía para hacerle sentir culpable.
Eduardo: Sí, por todo eso. Lo siento, de verdad.
Alba: Con un simple lo siento no vas a conseguir nada.
Eduardo: Dime que tengo que hacer para volver a enamorarte y lo haré.
Alba: ¡¿Qué tienes que hacer!? ¡¿En serio!? ¡¿Tienes que preguntarme para saberlo!?-pregunté gritando muy enfadada.
Xxx: Eh, ya está. Paren de pelearse.-añadió la misma chica que me había quitado mi vestido turquesa.
Alba: ¡Tú no eres nadie para decirme lo que tengo qué hacer! ¡ Métete en tu vida!-grité eufórica.
Xxx: Mira niña, solo te estoy dando un consejo.
Alba: Pues me dan igual tus consejos, ahora lárgate por donde has venido, estúpida.
Xxx: ¿Cómo? ¿A quién has llamado estúpida?
Alba: A ti, guapa.
Eduardo: No peleen.-añadió poniendo los brazos en medio de nosotras dos.
Xxx y Alba: ¡No te metas!-exclamamos las dos a la vez.
Ella no manda a callar a Eduardo, solo yo. Esto me lleno de rabia, más de la que tenía, y le dí un puñetazo en el estómago. Ella lo esquivó y me tiro al suelo. Se puso encima de mí y empezó a darme cachetadas y golpes. Yo me defendí tirandole del pelo y deshaciendole su larga trenza. Ella respondió tirandome del pelo. Al final, acabamos revolcandonos por el piso de dicha tienda. Estuvimos así unos largos minutos, hasta que Eduardo, Alicia y dos chicos acompañados con una chica, nos separan.
Xxx: Dafne, ya dejala.-gritó la chica que los acompañaba.
Dafne: Tamara, dejame.-replicó enfadada.-No voy a dejar que se meta conmigo así porque sí. Ella quiere guerra pues la va a tener.
Alba: ¡Pues sí la quieres, aquí me tienes!
Eduardo: Alba, tranquila.-dijo mientras me sostenía del brazo.
En ese momento, aparecen 4 guardias de seguridad.
Guardia1: Ustedes 7, acompáñennos.-exigió el que parecía ser el veterano de los 4.
Todos aceptaron ir menos Dafne y yo.
Guardia2: Ustedes dos, señoritas, también.-añadió el más joven de ellos, parecía que tuviera unos 20 años.
Dafne y Alba: No tenemos por qué ir y no queremos.
Las dos nos miramos sorprendidas. ¿Habíamos dicho exactamente lo mismo? Parece ser que sí.
Dos guardias se acercan a nosotras y nos toman por la fuerza.
Dafne: ¡Sueltame! ¿Pero tú quién te has creído?-preguntaba enfadada.-¡Sueltame imbécil!
Alba: ¡Estúpido, bajame de aquí ya!
Nosotras no paramos de gritar todo el camino hasta llegar a un despacho lúgubre y mal decorado. Allí nos obligaron a sentarnos en unas sillas en frente de una mesa de despacho.
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